Una historia del bandoneón por Juan Ángel Russo

24 Feb

Una historia del Bandoneón

                                                  Por Juan Ángel Russo

Argentina – Tango – Bandoneón, son tres conceptos difíciles de separar. Tres palabras que a través de los años se han ido ensamblando de tal manera, que ya nada las podrá separar.

Es bien sabido que Europa extendió sus brazos y vino a América a ayudamos a fundar la patria, pero que lejos estaban esos rubios germanos que a mitad del siglo XVIII y tratando de mejorar la calidad tonal a sus instrumentos regionales, dieron origen a la jaula sonora que entregó alma y sonido al tango argentino. Sí, seguramente usted ha de saber que el origen del bandoneón se remonta aproximadamente a 1850 en Alemania.

Fue llevado a la Argentina quien sabe por quién, pero de algo estamos seguros: ese alguien debía tener una personalidad a la que el sonido de esa caja con botones y canto de gorrión, remontaba a sus praderas o a sus montañas, es decir, lo llevaba en su ensoñación musical a su lejano terruño. José Santa Cruz, “El Pardo” Sebastián Ramos Mejía, Antonio Chiappe, Mazzuchelli, Zambrano y otros nombres que han quedado en el polvo del olvido, fueron los primeros instrumentistas del fuelle en estos lares. A esos primitivos siguieron: “El Tano” Genaro Expósito, Vicente Greco, Juan Maglio “Pacho”, Eduardo Arolas, Manuel Pizarro y otros nombres legendarios y famosos en la historia del tango, quienes lo acunaron en sus rodillas y lo incorporaron y para siempre, a sus agrupaciones de música popular.

La mujer no podía quedar al margen de esa historia y así, Paquita Bernardo, Fermina Marystani, Margarita Sánchez Casquet, Haydée Gagliano, Aurora Claudino, Aída Rioch, fueron las antecesoras de Ebe Bedrune (“La Dama Blanca”), Nélida Federico y Eva Méndez, en el arte de sacar notas del teutón instrumento.

Los nombres de Pedro Mario Maffia, Anselmo Alfredo Aieta, Luis Petrucelli, “Ciriaquito” Ortíz, Carlos Marcucci, Gabriel Clausi, Minotto di Cicco, fueron los que tomaron la posta de los primitivos del arrugado en las décadas gloriosas. El resto es más sabido: Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Raúl Garello, Néstor Marconi y muchos más, fueron transformando el sonido del gusano, a medida que se producía la evolución estilística del mismo.

Argentina-Tango-Bandoneón El tango, la música ciudadana argentina, hoy tiene un sello que lo distingue y que motiva que los auténticos representantes de esa música sean admirados y solicitados de todas las latitudes del mundo.

Siempre juntos Argentina – Tango – Bandoneón.

Ayer alemán, hoy argentino y ciudadano del mundo. ¿Lo habrán pensado aquellos rubios germanos del siglo XIX? ¿Habrán pensado esos señores alemanes, allá por mediados del siglo XIX, que un instrumento musical, que ellos fabricaron, reformando otros elementos existentes que por sus condiciones ya les resultaban insuficientes para sus inquietudes, se iba a constituir, con el correr de los años, en el instrumento clave de la música representativa del sur del continente americano?

La respuesta indudablemente, es no. Las dificultades que ocasiona la falta de información, y la repetición de datos -la mayoría de las veces erróneos- han hecho que no sea tarea fácil elaborar una historia, cierta y concreta sobre el bandoneón. Es un hecho coincidente e incontrovertible que el nombre proviene de uno de sus primeros fabricantes: Heinrich Band, oriundo de la ciudad de Krefeld. Insistentemente se menciona a C. Zimmermann como el padre de la criatura y quien habría entregado esa creación a Ernst Louis Arnold para su fabricación.

¿Qué se sabe de Heinrich Band?

Heinrich Band nació en Krefeld el 4 de abril de 1821 y falleció de una afección pulmonar en el mes de diciembre de 1860. Segundo varón de dieciséis hermanos, su padre, Peter Band, era un artesano tejedor de sedas, actividad que dejó para convertirse en violinista y dueño de una tienda de venta de instrumentos musicales. Heinrich Band, que se casó con Johanna Siebourg con quien tuvo tres hijos, tocaba el violoncelo en una orquesta de cierta importancia que dirigía el maestro Heinrich Geul (virtuoso violinista que fue comparado en forma positiva con el célebre Nicolás Paganini, a la sazón casado con Maria Gertrud Mayer, hermana de la madre de Heinrich Band). Heinrich Geul parecería que influyó para que Peter Band cambiara la profesión de tejedor por la de violinista y vendedor de elementos que tenían que ver con la música. Heinrich Band heredó de su padre el establecimiento musical, y a su fallecimiento, su viuda Johanna Siebourg formó una sociedad con Jakob Cupont, violinista y director del coro de Liederhalle y además, comerciante de cigarros. Disuelta esta sociedad y posteriormente fallecida la señora Siebourg, la tienda y además la editorial que integraba esa firma pasaron a ser regenteadas por Alfred Band, primogénito del matrimonio, y a posteriori por la hija de éste, María (1887-1926), única descendiente que lo sobrevivió y continuó con la editorial hasta su muerte, momento en que desapareció el apellido Band de la industria y el comercio musical. La primera noticia de la fábrica de bandoneones por parte de Heinrich Band fue un anuncio publicitario de diciembre de 1850 (conviene tener en cuenta que ese aviso no destacaba en ningún momento que H. Band fuera el inventor del nuevo instrumento, ni que el mismo se llamara “bandonión”). Esa palabra sólo apareció en 1856 en las páginas del anuario de Krefeld, diciendo textualmente: “Acordión’s Concertino’s, por algunos llamado Bandonio’s”.

¿Quién era C. Zimmermann y qué hizo?

Muy poco se sabe de él, y hasta se ignora qué significa la letra “C” de su nombre. En 1849, durante la “Exposición Industrial de París”, en un informe publicitario publicado por C. Zimmermann, apareció la promoción de un instrumento por él creado, basado en la concertina alemana de Carl Friedrich Uhlig, con formato redondo u octogonal y con la fundamental diferencia de mayor número de voces y ordenamiento distinto. En Sajonia, en la ciudad de Carlsfeld, lugar natal de Zimmermann, se denominó a este nuevo instrumento “Carlsfelder Konzertina”, a diferencia del creado por Uhlig, que se denominaba simplemente concertina.

La concertina de Krefeld comenzó a llamarse “bandonión”, y se extendió ese nombre hacia el sur y luego a toda Alemania. La muerte de Band, acaecida en 1860 y la emigración de C. Zimmermann a los EE.UU. en 1864, presumiblemente a Philadelphia, hizo que la denominación de “bandonión” y posteriormente “bandoneón”, quedara como nombre definitivo del instrumento musical que nos ocupa y por ende, la creación del mismo como obra de Heinrich Band, ya que su nombre fue el adoptado por los distintos fabricantes de este nuevo y solicitado instrumento musical. C. Zimmermann antes de irse a los EE.UU. vendió su fábrica a alguien cuyo apellido tendría mucho que ver con el futuro industrial del bandoneón: Ernst Louis Arnold. El apellido Arnold Al adquirir en 1864 la fábrica a C. Zirmmermann, Ernst Louis Arnold (1828-1910) la bautizó con el nombre: “Ernest Louis Arnold Babdonion und Konzertina Fabrik”. De esa fábrica salieron los bandoneones marca “ELA” que en los primeros años del siglo XX introdujo en la Argentina Maz Epperlein, un exportador de Liepzig que terminó radicándose en Buenos Aires, ciudad de la que se enamoró. Retirado Ernst Louis Arnold, la fábrica quedó en manos de su hijo Ernst Hennann (1859-1946). En 1911, Paul (1866-1952) y Alfred (1878-1933), hermanos de Ernst Hennann y por lo tanto hijos de Ernst Louis Arnold, se instalaron con otra fábrica a la que designaron con el nombre de “Alfred Arnold Bandonion und Konzertina Fabrik”. De esta empresa salieron los bandoneones “AA” (Doble A), los de mayor prestigio por su fortaleza, buen mecanismo y calidad de voces. También los denominados “Premier” eran producto de la misma casa. Kurt Muller, uno de los ocho afinadores, además de los cien operarios que tenía la empresa, llegó a ser bandoneonista de la muy afamada “Juan Lloras Original Argentinische Tango Kapella” y afirmó que por esa época salían centenares de bandoneones para la Argentina (ésto era entre 1920 y 1925).

Al morir en 1933 Alfred Arnold, la fábrica quedó en manos de su hijo Horst Alfred (1905-1979) y de Arno (1893-1970), hijo de Paul. Ellos la dirigieron hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento la fábrica dejó de producir instrumentos musicales para dedicarse a algo más utilitario: bombas de nafta para la industria automotriz.

Arno Arnold, que se había trasladado a Alemania del Oeste, en 1950 se instaló en Obersthaussen con su “Arno Arnold Bandonion Fabrik”, empresa de escasa producción, que en 1971 al fallecer su propietario, cerró sus puertas. De esta manera la dinastía Arnold llegó a su fin, como así también la marca más afamada de bandoneones. Otras marcas, otros nombres La prestigiosa casa “Hohner” envió a América bandoneones de las marcas “Germania”, “Tango”, “Concertista” y “Cardenal”, importados por la casa “Oehrtmann”, ubicada en la calle Humberto 1° N° 1561 de Buenos Aires. Los bandoneones “Germania” tuvieron gran aceptación cuando el fabricante de voces de Arnold, de apellido Dik, los construyó para la fábrica “Hohner”. La casa “Oehrtmann” también importaba los bandoneones “38”, elaborados por la fábrica “Mainer und Herold”, y también los “ELA” fabricados por el pionero Ernst Louis Arnold. En la Argentina hubo un intento de fabricación por parte Luis Mariani y su hijo Duilio que vendían, afinaban y reparaban bandoneones y acordeones. Esos bandoneones fueron promocionados por artistas de primera línea, pero no pasó de ser un intento, ya que el matrizado de las voces fue un obstáculo insalvable.

En la década de 1960, en Brasil, la fábrica “Danielson” lanzó al mercado bandoneones con esa marca, pero la calidad tonal de los mismos no era la requerida por los instrumentistas. A su vez, la fábrica italiana de acordeones “Pangotti” con el asesoramiento de Luis Mariani, se dedicó a la fabricación del instrumento que nos ocupa, pero su calidad no fue positiva. En Alemania actual el músico y compositor Klaus Gutjahr, fabrica artesanalmente bandoneones, con resultado aún no determinado.

El uso del bandoneón en Alemania

Se ha afirmado que el bandoneón era un instrumento que usaban los campesinos alemanes para alegrar sus fiestas e interpretar música folklórica. Pero la realidad investigativa demuestra que no era así. Las más antiguas partituras alemanas para bandoneón están impresas en papeles de alta calidad, con ilustraciones a todo lujo, y dedicas a música sacra, danzas de salón (valses, polcas, gavotas y cuadrillas) y fragmentos de óperas. Circa 1880, con el afianzamiento de la economía germana, los mineros de la cuenca del Ruhr y los trabajadores industriales, crearon sus instituciones bandoneonísticas, las que se extendieron por toda Alemania. Así nacieron la “Federación de Clubes de Música de los Trabajadores Alemanes” y la “Federación Alemana de la Concertina y el Bandoneón”. Esta última se ocupó de normalizar la fabricación del instrumento, dotándolo en forma uniforme de 144 voces. Anteriormente se fabricaba de 142 voces, que fue la adoptada por los músicos de tango y por excepción se siguió fabricando para la exportación hacia América, y en especial para la Argentina.

Nomenclatura y parte técnica

Como instrumento musical, el bandoneón debe ser clasificado como aerófono portátil, o sea que el aire mismo es puesto en vibración. Se ejecuta con ambas manos simultáneamente, y consiste en dos cajas armónicas unidas por un fuelle en los extremos interiores de esas cajas. Por acción de la presión del aire vibran unas lenguetas metálicas brindando el particular sonido que ha unido el sentir musical de Alemania, con la música ciudadana por excelencia de Buenos Aires.

El modelo normal o normalizado de bandoneón posee 71(33 para la mano izquierda, 38 para la mano derecha), que significan 142 voces, ya que abriendo es un sonido y cerrando es otro. Las cajas armónicas están construidas en madera de haya, pino o abeto y enchapadas en jacarandá, ébano o abedul, pudiendo ser negros, marrones y ocasionalmente blancos (llamados “lecheritos”). La medida de estas cajas es de 24 centímetros por lado, con una profundidad desde la botonera hasta el fuelle de 22 centímetros.

De acuerdo con los adornos de nácar incrustados se denominan “nacarado”, “tres cuartos nacarado”, “medio nacarado” y en ausencia del exquisito material, simplemente “lisos”.

En la parte media de las tapas de las cajas armónicas, están colocadas unas correas con hebillas ajustables dentro de las cuales el ejecutante aloja sus manos.

En el interior de las cajas está ubicado el corazón, la parte vital del instrumento: los peines. Esos peines, 14 en total (8 en la mano derecha -voces-, y 6 en la mano izquierda -bajos-), son básicamente chapas metálicas de cuya aleación (y ahí está el secreto) depende el sonido. Esas chapas poseen hendiduras, obturadas por un lado con una lengüeta de acero y por el otro, con sopapas de cuero.

Los botones que pulsa el instrumentista están colocados en la parte exterior de las cajas, y al ser accionados ponen en funcionamiento unas piezas de madera, llamadas zapatillas, que son las que cierran las lengüetas o sopapas que producen el particular y encantador sonido.

La entrada y salida del aire que ocupa el fuelle y por extensión las cajas armónicas, están reguladas por un dispositivo valvular mecánico, colocado en la parte derecha o de las voces, y es accionado por el dedo pulgar correspondiente. De la habilidad del ejecutante en maniobrar con sus dedos buscando el sonido adecuado y la regulación ejercida por el citado pulgar, para abrir y cerrar el instrumento, dependerá la continuidad armónica y musical del sonido y el jadeo que provocaría el hecho de comprimir aire y no eliminarlo con el dispositivo valvular mecánico.

Todo parece muy simple pero de acuerdo con la forma de realizar todo esto, se deberá la magnificencia artística del bandoneonista o su mediocridad. En lo que respecta a la parte artística, conviene apuntar que primero fue la música alemana y luego el tango, los géneros musicales que utilizaron el bandoneón.

Pero en la actualidad la música nativa argentina, la denominada música clásica o culta y la música de actualidad, utilizan el instrumento. Todos estos elementos, los históricos, los relativos a materiales empleados, técnicas de construcción y lógicamente, procedencia y estado, son los conceptos que deben tenerse en cuenta para fijar la calidad y por lo tanto, el valor de la pieza en cuestión.

Conclusión

Volviendo al principio, ¿habrán pensado aquellos germanos del 1800 y tantos, que ese instrumento que ellos fueron modificando, llegaría a ser el símbolo de una música que ha recorrido el mundo y que luego de ser la expresión musical por antonomasia de la Argentina, renace como el ave Fénix de sus cenizas y se entroniza en las salas de espectáculos de todo el orbe?

Hoy, si bien la fabricación del bandoneón se ha tornado cada vez más difícil y cada vez más inexistente, en la historia de los instrumentos musicales será un símbolo más de la unión de los pueblos, mediante ese idioma, esa expresión artística universal que es la música.

©Historia del Tango, Instituto de Investigaciones del tango, Bs. Aires 1995. Obtenido en el sitio TANGO Reporter. Copyright © 1996-2003 Tango Reporter

2 comentarios to “Una historia del bandoneón por Juan Ángel Russo”

  1. pacman septiembre 3, 2011 a 5:31 pm #

    Disculpe, tengo un bandodeon en mi casa igual que el de la foto, el de las incrustaciones florales. ¿Me podría dar información sobre él o especificar de alguna forma donde podría conseguirla?

    • Locos por el fueye!!! septiembre 5, 2011 a 4:33 pm #

      Estimado amigo:

      Hay muchos bandoneones nacarados y de muchas marcas. Para obtener la información correcta deberías publicar las fotos en el grupo Locos por el fueye!!! de Facebook donde hay mucha gente que puede brindarte una respuesta idónea. Otra posibilidad es que acerques el instrumento a algún luthier, o bien dirigirte a La Casa del Bandoneón en San Telmo, donde te proporcionarán la información que deseas obtener. Un abrazo.

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